jueves, octubre 26, 2006

En el centenario de la muerte de José María de Pereda:un hidalgo que escribía

Tomado de la página de la Comunión Tradicionalista: http://www.carlismo.es



José María de Pereda, «un hidalgo que escribía libros», a decir de Menéndez Pelayo, era un carlista ortodoxo y militante. Nació el 6 de febrero de 1833 —el año en que comenzaría la Primera Guerra Carlista— en Polanco (La Montaña) en el seno de una familia tradicionalista y firmemente creyente. Los padres del escritor, Juan Francisco de Pereda y Bárbara Josefa Sánchez Porrúa eran naturales, respectivamente, de Polanco y de Comillas y se habían casado muy jóvenes; tuvieron una numerosa descendencia. Establecido el matrimonio en Polanco tuvieron que mantener mediante el trabajo en el campo y la ganadería a sus veintidós hijos, de los que llegaron a adultos solamente nueve.

El traslado a Santander con sus padres pone a Pereda en contacto con la ciudad y le presenta un panorama urbano y portuario completamente diferente al de sus primeras vivencias infantiles en Polanco. Tras los estudios de Primaria en la escuela del pueblo, la familia decide que estudie el bachillerato en el Instituto Cántabro de la calle Santa Clara, en el que realiza el ingreso en 1843 y cursa al año siguiente el primer año de Latinidad. Fue un estudiante mediano con calificaciones de Regular en el segundo y tercer año de Filosofía y Suspenso en el cuarto de 1847-1848. Fueron profesores suyos Bernabé Sainz, de Sintaxis latina, y Juan Echevarría, de Matemáticas.

Cuando llegó el momento de elegir una carrera hubo grandes porfías entre la familia. Posiblemente por sugerencia de su hermano mayor, se decidió al fin por los estudios que le permitieran ingresar en la Academia de Artillería de Segovia. En el otoño de 1852 se trasladó con este propósito a Madrid, donde se hospedó con otros estudiantes montañeses en la calle del Prado número 2.

Durante el curso se preparó en el colegio de su paisano el arquitecto Antonio Ruiz de Salces, que después perteneció a la Academia de Bellas Artes de San Fernando. La verdad es que el ambiente de Madrid y la vida estudiantil de tertulia en el café de La Esmeralda, los bailes de Capellanes y la asistencia al teatro fueron para él una tentación insuperable, que le inclinó más por la vida social, el teatro y las fiestas, que por la del estudio. Así parece desprenderse de la carta que le escribe en 1853 a su primo Domingo Cuevas:

Aquí cuando por fas, cuando por nefas, siempre hay alicientes que arrastran a uno en pos de la corte y que, al fin y a la postre, llega uno a mirarla con demasiado apego, y llegará día en que se sienta trocar por la pluviosa e insípida Montaña.

No sabemos el resultado de aquellos estudios y ni siquiera si llegó a presentarse al examen de ingreso. Años más tarde, al referirse a esta etapa de u vida, diría que comenzó en Madrid
una carrera científica que no concluí por falta de vocación para ellos.

Estando en Madrid fue testigo de la revolución de 1854 en la que estuvo a punto de perder la vida por el tiroteo originado en las calles, sucesos que relata con detalle en su novela Pedro Sánchez. Durante su estancia dedicó una buena parte del tiempo más a la lectura de novelas que a resolver problemas de matemáticas. Ya entonces escribe una obra de teatro, La fortuna en un sombrero (1854), comedia que quedó inédita, donde aparece el tema del idilio, el matrimonio de conveniencia y el caso de la joven sacrificada por el matrimonio para salvar la economía familiar.

La llegada a Santander del joven Pereda no había sido nada afortunada, ya que venía con el fracaso en los estudios y en 1855 moría su madre. Esta desgracia familiar y el contraer la enfermedad del cólera le tuvieron postrado y con gran desánimo. A causa de ello, al año siguiente, se le presentó una neurastenia que obligó a la familia a enviarle a Andalucía donde permaneció una parte del año 1857.

Tras el fracaso en sus estudios, se le presenta el dilema de escoger una forma de vida por cuenta propia o entrar a formar parte en alguno de los negocios familiares o de amigos suyos. Pero lo que a él le gustaba en realidad era escribir, para lo que creía tener buena disposición. La oportunidad se le presentó al aparecer en Santander el diario La Abeja Montañesa, en la que se estrena con el artículo «La gramática del amor». Sus primeros escritos suelen ser anónimos, firmados por la inicial de su apellido o con el pseudónimo «Paredes». Por lo general, se trata de artículos de crítica teatral, sobre las comedias y zarzuelas que pasaban por el teatro de Santander, colaboraciones de carácter costumbrista o sobre la vida local. Aunque su valor literario era escaso, le sirvieron para reconocer los temas que luego empleará en sus libros y que evidencian la gran afición de Pereda por el teatro. En 1862 prologa, con el mencionado pseudónimo de «Paredes», el libro Ecos de la Montaña del poeta Calixto Fernández Camporredondo, lo que es indicativo de que gozaba ya de un prestigio como hombre de letras en el ambiente local de Santander. Al año siguiente, con el mismo pseudónimo, colaboró en el Almanaque Ilustrado de La Abeja Montañesa, en el que publicó el artículo «Júpiter. Su vida y milagros» y «El raquero». Algunos de los cuadros costumbristas publicados en la sección del folletín de La Abeja, pasaron luego a sus libros.

Dentro de esta etapa periodística coinciden sus tentativas en el campo teatral con obras cómico-líricas de carácter costumbrista: Tanto tienes, tanto vales (1861); Palos en seco (1861), Marchar con el siglo (1863), Mundo, amor y vanidad (1863). El escaso valor de estas obras primerizas hizo que sólo se dieran a conocer (salvo alguna que llegó a estrenarse) con el título de Ensayos dramáticos en una edición restringida, en 1869, con destino a sus amigos. Ya para entonces Pereda había logrado un prestigio literario a raíz de la publicación en 1864 de su primer libro, Escenas montañesas.

Prueba del prestigio que le otorgó su primera obra es que, sin dejar de escribir en la prensa santanderina, empieza a publicar en 1864 en el prestigioso periódico madrileño El Museo Universal y en 1866 colabora con otros autores en el libro Escenas de la vida, colección de cuentos y cuadros de costumbres, editado en Madrid por una sociedad de autores, entre los que figuraban Juan Eugenio Hartzenbusch, Antonio Trueba, Eduardo Bustillo, Ventura Ruiz…

A partir de este momento y en menos de cinco años José María de Pereda se consolida como escritor y su nombre empieza a sonar entre los autores en boga hasta al punto de recibir elogios públicos como escritor costumbrista. En su segundo libro, Tipos y paisajes el autor puso especial interés sobre todo en el relato titulado «Blasones y talegas».

En abril de 1869, a los veintiséis años, contrae matrimonio con Diodora de la Revilla, «una dama de agradable presencia, de mucha bondad y relevantes virtudes», según su biógrafo José Montero. Dos años más tarde, es introducido en política por amigos afines a sus ideas, que le animan a presentarse como candidato carlista a diputado por el distrito de Cabuérniga. El año anterior se había constituido la Junta provincial carlista, de la que era presidente su amigo Fernando Fernández de Velasco, vicepresidente su hermano Manuel Bernabé Pereda y el propio novelista era vocal.

Salió elegido por escaso margen contando con un destacado apoyo del clero.

Su participación política en Madrid le sirvió para darse a conocer, ampliar sus amistades y para darle una experiencia en la mecánica electoral, conocimientos que vertió en su novela corta Los hombres de pro, incluida en su libro Bocetos al temple (1876). Al ser Pereda poco conocido en su distrito, tuvo que visitar a las personas influyentes que podían apoyar su candidatura. Con este motivo lo recibió Francisco de la Cuesta en la casona de Tudanca; pero también tuvo la ayuda del liberal José Antonio González de Linares. Al cesar sus actividades políticas en Madrid, deja de escribir. Él mismo lo cuenta así:

Vuelto a mi casa y más enamorado de la paz de mi hogar que de la política y que de la literatura tuve que consagrarme por entero a compartir con mi mujer los cuidados de los niños que a la sazón tenía. Cuatro o cinco años pasaron entonces sin que yo publicara ni escribiera cosa alguna.

El estímulo de sus amigos Marcelino Menéndez Pelayo y Gumersindo Laverde le lleva de nuevo al taller del escritor. Es entonces cuando se propone publicar una novela. En cierto modo, se podría decir que a partir de este momento comienza la segunda etapa literaria de Pereda.

Era Pereda de mediana estatura, fornido y con un aspecto en general que recordaba más a un miembro de la alta burguesía que al de un antiguo hidalgo, aunque lo fuera por genealogía. El bigote, la perilla y los quevedos resaltaban su rostro de aspecto serio. Era de tez morena y con una cabeza dotada de pelo crespo y abundante. De joven había sentido Pereda afición por la caza y la equitación, ejercicios que no aparecen apenas en sus novelas. No fue bebedor habitual de alcohol ni de café, que perjudicaban su salud. En cambio, fue un buen fumador, como su amigo Pérez Galdós. Desde niño dio muestras de trastornos nerviosos que se fueron agravando con los años y cuyos síntomas describe en su novela Nubes de estío. Hombre ordenado, cuidó con atención su aspecto y vestimenta y, de igual modo, se rodeó de las mejores comodidades y adoptó enseguida cualquier innovación que le pareciera oportuna. En las tertulias ocupaba el puesto principal por su gracia y las agudezas que vertía en su amena conversación. Fue un buen polemista y un conversador ingenioso.

Cuando se trata de completar el carácter de Pereda nos encontramos ante un escritor que, tanto en el aspecto personal como en el literario, ofrecía a sus contemporáneos una imagen singular y muy diferenciadora; hasta el punto de que Menéndez Pelayo diría de él que «lo que había de característico en su estructura mental era incomunicable, y él mismo no hubiera podido definirlo». Su compañero Pérez Galdós, que le conocía bien, destacó «su personalidad vigorosa» y lo singular de su obra literaria, que le hacía diferente a los escritores de su tiempo.

Para poder conocer el pensamiento de José María de Pereda y su carácter, resulta imprescindible tener en cuenta la influencia que ejercieron en él el ambiente familiar y el grupo de amigos. Perteneciente a una familia católica y tradicionalista, recibe desde niño el troquelado de sus padres, preferentemente de la madre, y se ve protegido en su juventud por la tutela de su hermano mayor Juan Agapito. Si bien es verdad que en su vida no hubo especiales datos curiosos, al no salirse de una monótona uniformidad, también es cierto que careció de contratiempos y adversidades económicas, a pesar de no tener un empleo fijo. Desde su juventud y a partir de su casamiento pudo y supo unir su afición literaria a una dedicación a los negocios. Aunque la literatura no le dio para vivir, fue después un complemento económico importante al ser uno de los escritores más leídos de la mal llamada Restauración.

Marcelino Menéndez Pelayo vio en Pereda al mejor representante contemporáneo de las letras de su tierra natal y no sólo le animó a escribir, sino que cuando hizo falta salió en defensa suya; realizó la crítica de su obra de una manera estimulante y, sobre todo, le aconsejó que no se apartara de los temas locales en los que sobresalía por ser el mejor pintor de aquel Santander de antaño a través de unos cuadros y tipos costumbristas que se hubieran perdido del recuerdo de las gentes. El erudito santanderino conoció previamente algunos de los escritos publicados por el escritor de Polanco, como ocurrió con la novela Pedro Sánchez.

La muerte trágica de su hijo primogénito Juan Manuel, en 1893, supuso una ruptura en el normal desarrollo de la vida del novelista. A partir de ese momento se llenó su pensamiento de malos presagios y complejos de culpabilidad. La desgracia le pareció una prueba de Dios y le conturbó el hecho de que se suicidara, por lo que solicitó de los prelados de algunas diócesis le concedieran, tras su muerte, las indulgencias oportunas. Comenzó a leer el Libro de Job y sólo la resignación cristiana y su profunda religiosidad le permitieron salvar el estado de postración en que cayó. Se agravó su neurastenia y envejeció prematuramente. A duras penas y gracias a la ayuda de sus amigos y de la familia pudo concluir Peñas arriba, la novela que estaba escribiendo, en cuyo manuscrito existe una cruz trazada en la página 18 del capítulo XX que recuerda aquel triste suceso.

Ya después de esto fue muy difícil animarle a escribir y únicamente publicó su novela corta Pachín González, basada en un hecho real, la explosión del vapor «Cabo Machichaco», atracado en el puerto de Santander con un cargamento de dinamita, en noviembre de 1893. En los años posteriores y una vez nombrado Pereda académico dio prácticamente por terminada su obra literaria. En 1872 había sido nombrado correspondiente de la Real Academia Española y en febrero de 1897 leyó el discurso como miembro de número. El casamiento de su hija con Enrique Rivero, de Jerez de la Frontera, en junio de 1903 supuso para él un nuevo estímulo y una alegría familiar.

En la primavera de 1904 sufrió un ataque apoplético que le ocasionó una hemiplejía del lado izquierdo, que le impidió valerse solo con normalidad. Murió don José María de Pereda el 1 de marzo de 1906.


Biografía tomada de MADARIAGA DE LA CAMPA, B., José María de Pereda y su tiempo, Ayuntamiento de Polanco, 2003; y artículos en Internet.

lunes, octubre 16, 2006

Tercio de Doña María de Molina - Marco de Bello


* Tomado del Boletín Carlista de Madrid



Se funda el Tercio con requetés de Teruel y de la Alcarria a primeros de septiembre de 1936. Está en Molina de Aragón hasta los días 8 y 9, en que acude a Siguenza,donde se combate duramente teniendo las primeras bajas. Con el Tercio Numancia ataca posiciones enemigas en Torre los Negros (Teruel) el 21 de noviembre. Pasa a Villanueva del Rebollar, donde auxilia a tropas cercadas logrando su liberación.


Pasa a Almudevar, y el Tercio se hará célebre en la ermita de Santa Quiteria, donde rechaza feroces ataques enemigos. En mayo marchan la 1ª Cía. y la Plana Mayor a Molina de Aragón, la 3ª a Monreal del Campo y la 2ª a Quinto de Ebro. La 1ª ataca al enemigo en Aragoncillo logrando evitar que corte la carretera de Alcolea del Pinar a Teruel. En julio el Tercio ocupa Griegos y Guadalamar, en el Alto Tajo, más tarde Villar y Cobeta. En Agosto, ofensiva sobre Zaragoza, la 2ª Cía. detiene en QUinto un furioso ataque enemigo, pero los requetés -115 hombres- derrochan valor defendiendo heroicamente la posición "Las Heras" y la avanzadilla del "Cementerio". Atacan cuatro batallones de la XV Brigada Internacional con gran apoyo artillero. El 24 de Julio quedan cortadas las comunicaciones con Quinto y la retaguardia nacional.

Atacan los rojos con carros y toda clase de armas,pero no consiguen pasar, pues los requetés se defienden con valor numantino. La Cía. tiene el 50% de bajas. De noche, el Mando ordena retirarse a Quinto, ya recuperado. La atacan fuerzas rojas de las brigadas Lincoln, Dimitrov, British y MacKneil. Se dirigen al casco urbano, pero los requetés resisten. Un corresponsal inglés dirá: "He visto parapetos con hasta 8 cadaveres."



Los defensores siguen impertérritos. Los últimos se refugian en la Iglesia, donde resisten hasta el día 26, cayendo prisioneros 13 hombres, que fueron fusilados.


El comandante del Tercio en Valbona (Teruel) pudo decir: "Los muertos son, un capitán, tres tenientes, un alférez, el médico, catorce sargentos, veintiocho cabos y ciento ochenta y cinco requetés".


El ataque rojo a Zaragoza fracasó por le heroismo del Tercio María de Molina-Marco de Bello, a cuya 2º Cía. se otorgo la Cruz Laureada de San Fernando por la gesta.

Cubiertas las bajas, el Tercio pasa a Peralejo de las Truchas y a Checa. En Toro (Castellón), le llegaría el final de la guerra.

NOTA EDITORIAL. La 2ª Cía. recibió, efectivamente, la Laureada colectiva por la heróica defensa de las posiciones de Las Heras (Zaragoza) los días 24 a 26 de agosto de 1937 (Diario Oficial del Ministerio del Ejercito núm. 261/1941). Se olvidaron de la 3ª Cía., pues las bajas (242) englobaban requetés de ambas Cías. ("La real y militar orden de San Fernando"., por Antonio Ceballos-Escalera y Gila et al, Madrid, 2003, pág.469).

sábado, agosto 26, 2006

Bibliografía de José María Codón

1- Cantabria es Castilla
2- La Rioja es Castilla, Burgos, 1980.
3- Regionalismo y Planificación
4- El Sindicalismo en Mella
5- Regionalismo y desarrollo economico, San Sebastían, 1964.
6- Universalidad cristiana y comunidad internacional
7- Los teólogos juristas españoles
8- Tradición y Monarquia
9- Presencia de Burgos en la conquista de América
10- La familia en el pensamiento de la Tradición
11- El trastorno mental transitorio
12- Psiquiatria Jurídica Penal y Civil: Tres ediciones.

sábado, marzo 11, 2006

Segovia tenía razón

José María Codón

Hace treinta años, cuando éramos muy pocos los que nos preocupábamos de temas regionales, esbocé una "Teoría de Castilla" en una conferencia pronunciada en la Mesa de Burgos en Madrid, Allí expuse las relaciones directas, dinámicas, vivas e ininterrumpidas, de Burgos con Segovia, como integrantes ambas de !a fecha inicial de expansión de los cuatro condes soberanos, que por eso se llama y se llamó "Castilla la Vieja". Después con la lectura de los maestros regionalistas, sobre todo los segovianos, he afirmado mis ideas, sobre la dualidad de regiones históricas, dentro de la Corona de Castilla, reino de León, capital León y reino de Castilla la Vieja, capital Burgos, Cabeza de Castilla. Una realidad que duró setecientos años. Dos regiones diversas pero compenetradas.

Los desmembradores de nuestros días no se percatan de que Castilla - la Corona de Castilla - abarca en 1833 treinta y seis provincias de las de ahora. En dicho año el liberal Javier de Burgos, más que con una pluma, con un bisturí, en la mano, trucidó los viejos reinos, y el centralismo barrió como un ventarrón los órganos y la autonomía de los mismos para convertirlos en departamentos provinciales. Borró hasta el nombre de las regiones, que se refugió simplemente en el papel escrito y éste a su vez en las escuelas se hizo tradición oral. Así todos hemos recitado estas agradables cantinelas: "Castilla la Vieja, tiene seis provincias: Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia y Avila. León tíene cinco provincias: León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia".

El resultado fue la agonía y muerte de las regiones. Como dijo con gracia Moneva Puyol, resultaron al cortarse la piel de España, cincuenta gatas muertas (las provincias), pero no un león vivo.

¿Qué no ha habido conciencia regionalista en Castilla? Ha existido siempre conciencia regional, y en determinados momentos regionalista, sobre todo frente a los separatismos exacerbados. Díganlo sino: En Soria, Elías Romera. Clemente Sáenz, el Conde de la Puebla de Valverde y Carazo; en Segovia, Tudela, Arévalo, Cerón, Gila, los dos Carreteros, González Herrero y el periódico "Tierra de Segovia": en Santander, Menéndez Pelayo, Pereda, Fernández de Velasco, Romero Raizábal v Marcial Solana; en Burgos, Merino, el conde de Orgaz, Estébanez, Gómez Rojí, Cortés, Diez Conde, Cominges, Zumárraga, Martínez Burgos, el diario "El Castellano" y el semanario "Tierra Hidalga"; en Avila. Belmonte, Ayúcar, Santamaría, La Orden y otros; en Logroño, Mazón, Zaldívar, Pas cual y Purón.

Con tales antecedentes, viene en estos días la moda de las mal llamadas autonomías y preautonomías. Sin consultar a equipos de expertos, historiadores y administrativistas o a los Colegios de Abogados, como se hace en todo el Mundo; y a las Universidades y Academias correspondienles, se dicta un decreto ley el de 13 de Junio de 1978 en que se funden seis provincias de Castilla la Vieja (para mi son ocho con Cuenca y Guadalajara) y las cinco de León. Y paralelamente se parte por la mitad a Castilla separando la Vieja de la Nueva, que se complica con el nombre de Castilla- La Mancha

Y así resulta, que unas corrientes minoritarias de Santander y Logroño, al amparo de tanto confusionismo, logran iniciar la desmembración, cuando la primera siempre perteneció no sólo a Castilla, con el nombre de Montaña de Burgos, sino a la provincia de Burgos, de la que fue un partido judicial en 1833 y lo mismo Logroño que no existía como provincia y fue un partido judicial de Burgos hasta la misma fecha. Y sin embargo, ahora se las quiere conceptuar "regiones históricas".

Al intentar privar a Burgos de la capitalidad, al decapitar a la Cabeza de Castilla, que cuenta con mil cien años en el rango, más los precedentes celtibéricos, hasta el siglo I de Jesucristo, se ha dado cuenta la ciudad del Arlanzón, del peligro del hibridismo Castilla-León (tres votos de la Castilla residual, contra cinco leoneses) sin información pública, sin orden del día, sin citarse a las seis provincias de Castilla como requiere el artículo 147 de la Constitución, el pueblo realizó la manifestación más multitudinaria y espontánea el pasado 26 de Junio) que se ha celebrado en Burgos en los últimos años, llevando a la cabeza a todas las fuerzas vivas. La moción del Ayuntamiento en pleno de defender la capitalidad y las palabras del alcalde y oradores que le antecedieron dirigidas a la multitud y las bases aprobadas por los manifestantes, separación del distrito universitario de Valladolid y constitución de Castilla la Vieja, con las seis provincias y al otro lado, el reino de León, con capitalidad en León, hermano pero distinto. Los vivas a Sepúlveda y a Segovia y los gritos de “Segovia tenía razón" se lanzaban a pesar del frio y la lluvia y de todos los "factores adversos".

Y mientras llega, esa unidad orgánica de las seis provincias con la Cabeza de Castilla se pensó que sea instrumento de unión a autonomía uniprovincial, régimen transitoria sin otra justificación que la de llegar a la unión de las provincias de Castilla la Vieja.

Esta ha sido siempre la tesis segoviana. Segovia tenía razón y tiene el argumento del artículo 147 y de la disposición transitoria séptima de la Constitución. No tengo información de la postrera sesión del Ayuntamiento. Pero es evidente que la literatura regionalista y el sentir del pueblo segoviano coinciden en la integración de todas las provincias de Castilla Vieja.

¡No cejéis segovianos, pues camináis hacia una meta común del brazo de nosotros, los burgaleses


«Diario de Burgos», 4 Agosto 1981

sábado, enero 14, 2006

sábado, diciembre 10, 2005

Bandera del Tercio de Numancia

domingo, septiembre 11, 2005

Bandera del Requeté de Losa (Burgos)


En esta Unidad combatieron los carlistas de origen burgales durante la Guerra cilvil de 1936.

Se organizaron en la 1º y 3ª compañía de unos 150 hombres cada una, que se integró en el 4º Batallón.

La Unidad se organizó entre el 15 y el 18 de enero de 1937 y combatió en Asturias, Santander, Zaragoza y Lérida.

miércoles, agosto 24, 2005

Jaime I de Castilla

domingo, julio 31, 2005

Oración por los que murieron por España


En relación a la llamada “Oración por los que murieron por España”, el soneto en cuestión, adoptado por las Fuerzas Armadas para las conmemoraciones de los caídos por España, tiene la siguiente procedencia:

El autor es el poeta burgalés Martín Garrido Hernando. El título original es “Mártires de la Tradición”. Se publicó por primera vez en 1943, con motivo de la fiesta de los Mártires de la Tradición española.

El autor, fallecido en 1984, era católico y carlista. Se alistó, casado, con 40 años, como voluntario en el Tercio de requetés “Burgos-Sangüesa”.

El texto original es el siguiente:

Los demandó el Honor y obedecieron,
los requirió el Deber y lo acataron,
con su sangre la empresa rubricaron,
con su arrojo la Patria redimieron.

Fueron grandes y fuertes, porque fueron
fieles al juramento que empeñaron.
Por eso como púgiles lucharon,
por eso como mártires murieron.

Inmolarse por Dios fue su destino,
salvar a España su pasión entera,
servir al Rey su vocación y sino.

¡No supieron querer otra Bandera!
¡No supieron andar otro camino!
¡No supieron morir de otra manera!

jueves, julio 28, 2005

Bandera del Requeté de San Millán de la Cogolla

Leyenda de Fernán Antolinez y la Virgen del Ribero

Por el año de 978 el Conde Don Vela, con su hueste, acompañando al ejército de Orduan, lugarteniente del primer ministro de Hisem II, entró por tierras de Osma y San Esteban, con ímpetu arrollador, hasta que cerca de esta villa le derrotaron por completo las tropas aliadas del Conde Garci Fernández y del Rey Don Sancho de Navarra.

Referente a este hecho, cuenta la tradición, que el caballero Fernán Antolínez yendo en la mañana de Pascua a incorporarse en las huestes del Conde de Castilla Garci Fernández, oyó tocar a misa en el templo de Nuestra Señora del Ribero y entrando a oír el Santo sacrificio dejó el caballo amarrado a la puerta del atrio. Salió después de haber oído tres misas y al tomar el caballo y las armas para dirigirse al campamento le anunciaron se había realizado la batalla quedando victoriosas nuestras tropas.

Pensando que atribuirían a cobardía su tardanza quedó indeciso de presentarse al Conde... pero se resolvió a hacerlo, recibiendo la agradable sorpresa que el Conde le dio, al saludarle, con estas palabras: «¡Por ti hemos tenido feliz día, Pascual! ¡Vivas muchos añosl».

Desde entonces cambió su nombre haciéndose llamar ¡Pascual Vivas!, en memoria de este fausto acontecimiento. Según la Crónica General y el Romancero, mientras Fernán Antolínez permaneció en el templo del Ribero, asistiendo a la misa y pidiendo a Nuestra Señora su protección un mensajero divino, un ángel del cielo tomó la forma del piadoso caballero y esgrimiendo sus brillantes armas derribó al jefe de los infieles en el paso del Vado de Cascajar.El hecho sucedió, no en el Convento de Santa Olalla, según afirman algunos, porque desde él no se podía ver la pelea, como dice la Historia general, sino en el de Nuestra Señora del Ribero, que está encima del Vado.

Don Lorenzo de Sepúlveda inmortalizó este milagro, que hizo la Virgen del Ribero para librar de la afrenta al caballero Antolínez, componiendo un canto de gesta publicado en el Romancero.

Cuando murió Antolínez dejó encargado que lo enterrasen en el Templo de Nuestra Señora del Ribero. El epitafio del sepulcro dice así. "Aquí yace ¡Vivas Pascual! cuyas armas lidiaban oyendo misa...".